
Todo me quiere, nada me quiere.
Todo me quiere, nada me quiere.
Todo me quiere, nada... ¡Todo!
El sábado soñé que me cortaba. En la mañana desperté con agitación, de verás que esa mañana, la del sábado, pensé en cortarme. Pero recordé una vez que me dije a mí misma, que jamás sería capaz de hacerme daño, que jamás haría algo que me afectara solo a mí. Y también descubrí que en sólo cosas referentes a mí, soy cobarde. No sé que espero escribiendo esto aquí, ya que no me aliviará de ninguna forma, pero así refuerzo lo que dije: "No me haré daño". Porque sinceramente, no fui capaz de hacerlo, aunque estuve con esa idea todo el día y definitivamente no pude. Aunque tal vez no estaba completamente sofocada de problemas, quizás en un par de meses esté escribiendo que me corté... aunque lo haya prometido... Porque soy traicionera, me traiciono a mi misma. Y debo, de verdad, de verdad, cambiar eso.
Bien, creo que poco a poco uno vuelve a la normalidad, a ser quien
es.



Claro, este aburrimiento solo me durará unos días... Pero siento que de alguna manera ya no sentirme tan alegre como antes es bueno. Porque en realidad, nunca estaba alegre de verdad. Era mi cara, mi faceta la que se mostraba alegre y por eso nadie se imaginaba la tristeza que yo acumulaba en mi interior. Nadie se interesaba, nadie preguntaba si yo estaba bien. Las cosas las daban por hechas.
Y ahora... Ahora, me hacen más daño al preguntarme que me pasa. ¡Sí estoy bien! ¡¿Qué no lo ves?! Pero por dentro, me queman las lágrimas por salir, porque ahora que muestro la emoción que siento cada día, aparte de la felicidad que aparento tener y esas risas... ahora esas risas ¡me dan asco! Tan falsa me siento ahora.
¡Esperan que me vea como demacrada para que piensen en si estoy bien o no! ¡Y con una mentira para nada creíble se conforman!
Que triste...

H. P. Lovecraft considera que «el pensamiento humano es el espectáculo
más divertido y más desalentador de la Tierra». Y yo sólo concuerdo
con él.

Es obvio, para todo aquel que me conoce o quien quiera conocerme: los libros son
mi pasión y mi única y fiel entretención. Lo demás te vacía por dentro y te
aburre. Los libros, por mi parte, no me decepcionan.
"No espero a mi alma gemela, espero la mitad de mi alma".

No espero a mi alma gemela, espero la mitad de mi alma. Esa mitad que me arrebató el día a día esa mitad que a poco a poco perdí, que necesito recuperar. Esa mitad que ahora me doy cuenta que me falta, ahora me doy cuenta de su ausencia. Debe ser porque compensé aquella carencia elevando mi espíritu en distintos aspectos, pero ahora veo con más claridad. Que sin la mitad de mi alma puedo vivir, sí, pero tristemente, miserable y pesimista. Sin ganas de nada. Quizás por eso es que a veces me vienen esos ataques de pensar en qué pasaría si no tuviera algunos de los valores que tengo ahora o perdiera algo a cambio de mi alma... No sé. ¡Quiero esa mitad! Y también hoy alguien me ayudó y me dijo lo que yo me vengo diciendo hace tanto tiempo: "Quizás es lo qué tu quieres creer, y no deberías renegar lo que ya tienes claro". Esas fueron sus palabras, claro está que yo ya me había dicho la segunda parte de la frase, en otras palabras: "Sé que me falta mi alma, pero noc reo que sea estrictamente necesaria para sobrellevar la vida en este mundo, no debo buscarla ni esperarla, solo debo vivir con mi espíritu elevado", pero yo ya sabía que la necesitaba... Y ahora tampoco la busco: la espero.
Esta vez, hoy, siento esta fuerte necesidad de encontrarla, de que venga hacia mí.
No sé si ese pedazo quiera volver...

Haciendo nada, nada... Ni bueno, ni malo.
Ahora mismo pienso en lo que tengo que hacer esta semana y ya quiero que sea viernes. ¡Un reloj para saltarme el tiempo me hace falta! Tengo que preparar pruebas, lidiar con mis amigas enfermas, en muchos sentidos y lidiar con mis pensamientos bipolares, maniacos y oscuros. Sí, eso me da a ratos. De ahí que me digan loca "de broma". Pero los paréntesis son de todos y para todos. (?)
Es invierno, hace demasiado frío, mis manitas no se calientan nunca y creo que mañana lloverá. Eso de que las nubes lloren... Todos de aquí para allá. ¡Qué no me gusta el movimiento! Yo era alguien bastante tranquila. Ya no. ¡Ahora quiero paz! Quiero un fin de semana largo, en mi casa haciendo lo que yo quiera, no solamente pensando en lo que tengo que hacer en esos días ordinarios.
Es comprensible que a uno no le agraden todas las personas, pero no tanto cuando te agradan todos y cada una de las personas de una reunión, junta, grupo, que sé yo... Algo malo va, es imposible que uno esté de acuerdo y en perfecta sintonía con diecinueve personas en un mismo lugar y un día determinado cada semana. Obvio, cada persona tiene una manera de pensar diferente, también es probable que algunos se lleven mejor con unos que con otros. Pero cuando una no es así y trata de ser sociable, no todo encaja y eso es lo raro. Yo calzaba perfecto. Hasta ese día... Cuando ya no calzé más y me di cuenta de que no todo era color de rosa, que yo era la que veía diferente y que desde un principio nada calzó, nada concordó y yo me puse una sabana en lo ojos y creer que todo iba de maravillas, cuando nada fue así y un día dejé de soñar que yo era sociable y alegre y divertida, ese día dejé de soñar que podía elacionarme con todo tipo de personas y ese día, también aprendí que debo guiarme por lo que ya conozco no por lo que se ve bueno y está por conocerse. Ya aprendí que me quedo en lo mío y en lo que ha estado conmigo siempre... Así aprendo otra cosa, de una vez por todas, a no creer lo que sueño y así me duele poco cuando me caiga de bien alto. Y me doy cuenta otra vez que sueño, sueño mucho...